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Pedro De Simone

Frascos Pedro De simone Autodidacta, frecuentó el taller de Fortunato Lacámera. Fue admirado y guiado por Julio Payró, quien prologó muchos catálogos de sus muestras. Viajó becado a Francia para estudiar en Paris en el taller de André Lhote. Expuso en las mejores galerías de su tiempo. Siempre vivió en La Boca del Riachuelo. Sus amigos también. Mi padre lo admiraba y lo coleccionó. También lo hicieron Mauricio Newman y Rómulo Macció entre otros. Hemos reunido para esta exhibición obras de todos sus períodos y el objeto de la muestra es traerlo del olvido en que un poco por accidente y otro poco por timidez ha quedado La pintura de De Simone no es fácil, lo sabemos. Pero es extraordinaria y eso queremos que también lo sepan los demás. Aún estamos rastreando la posible fecha de su fallecimiento, creemos que ocurrió durante los tempranos 90´s. Los frascos de sus extraños bodegones son en realidad transfiguraciones de los elementos que constituían su botiquín de diabético insulinodependiente. Las figuras que aparecen en su obra posterior son accidentes de una ascética abstracción, como en Lacámera. Pedro De Simone fue de esos pintores que trabajan todos los días con la intención de seguir aprendiendo a pintar. Desconocemos otros detalles de su vida. La médula de lo que fue, esta ahora colgada gracias a Cecilia Cavanagh, en las generosas paredes del pabellón de las artes de la Universidad Católica. IMG_0922 desimone IMG_0947 desimone IMG_0948 desimoneIMG_0951 desimone

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In Memoriam de Francisco Traba

Texto de Maria Teresa Constantin para Archivos del Presente

Diciembre de 2014

Homenaje FT pag 1

Homenaje FT pag 2

Homenaje FT pag 3

Homenaje FT pag 4

+Homenaje FT pag 6

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Carta de Julio Payro a Fortunato Lacámera

 

Carta Payro Lacamer

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Mercado de arte

Fermin Eguia   AlgoEl mercado de objetos artísticos  ha sufrido en las ultimas tres décadas un flujo ininterrumpido desde los estratos medios de la sociedad hacia una pequeña elite económica.

Ha habido una enorme concentración de obras clásicas, modernas y contemporáneas históricas y relevantes en muy pocas manos. En algunos casos esas nuevas colecciones han tenido destino de exhibición pública por suerte.

Los nuevos compradores se han volcado hacia la obra contemporánea que fue la única naturalmente disponible.

La abstracción más o menos geométrica, el pop de los 60´s el informalismo y una figuracion liviana cercana al comic han circulado con mayor o menor éxito desde las paredes de las galerías, ferias y subastas a las paredes de los nuevos compradores argentinos, que para decir la verdad no se diferencian ahora mucho  de otras paredes de otros lugares del mundo. Cuando baje la marea de la novedad veremos que queda de bueno sobre la playa.

Circulan para los ojos más entrenados, obra media y menor de importantisimos artistas  que bien seleccionada podría conformar a un público mucho más exigente.

Siempre que se persigan objetivos más elevados que los meramente decorativos un pequeño cartoncillo de un gran maestro  tendrá mucho más que contarnos; de sí mismo, de este país , su gente y tal vez de nosotros mismos.

La discusión por los precios sigue ocupándonos como si fuera lo sustancial. En realidad, con el tiempo los más despiertos terminan entendiendo que un papel acariciado por el lápiz o el carboncillo de Spilimbergo o Diomede siempre va a resultar preferible a un papel acuñado desenfrenadamente por la casa de la moneda.

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El Fueguito

Al pequeño Policastro lo exhibían en las vitrinas del Banco de la Ciudad dos o tres veces por año, no lo recuerdo bien. Mi padre anotaba al principio que día sería subastado y cual sería el precio de la base.   Pero no había caso, una y otra vez su dueño lo rescataba del infortunio y el martillero anunciaba el retiro de la pieza. La pequeña policastrotecnica mixta representa un rancho amenazado por uno de esos cielos de Policastro que parecen anunciar el apocalipsis. A la derecha arde una pequeña hoguera donde una figura femenina contempla las llamas. En su austera sencillez resume todo lo que el enorme pintor argentino vino a agregar a nuestra historia plástica.

Un día mi padre dejó de perseguirlo, y cuando lo veía nuevamente ofrecido solo sonreía. Lo adquirimos muchos años después, cuando ya no lo esperábamos; en una subasta donde concurrimos por otras obras, tal vez más importantes. Detrás del pequeño cartoncillo esta la historia viva de la obra y de su dueño. Tachados en tinta hay decenas de números, cada uno de ellos corresponde al del empeño y al de su rescate. Tal vez un día a su poseedor las cosas se le complicaron, quien sabe. Al drama existencial de la representación lo acompaña para siempre el pequeño drama del anverso.

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