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El Fueguito

Al pequeño Policastro lo exhibían en las vitrinas del Banco de la Ciudad dos o tres veces por año, no lo recuerdo bien. Mi padre anotaba al principio que día sería subastado y cual sería el precio de la base.   Pero no había caso, una y otra vez su dueño lo rescataba del infortunio y el martillero anunciaba el retiro de la pieza. La pequeña policastrotecnica mixta representa un rancho amenazado por uno de esos cielos de Policastro que parecen anunciar el apocalipsis. A la derecha arde una pequeña hoguera donde una figura femenina contempla las llamas. En su austera sencillez resume todo lo que el enorme pintor argentino vino a agregar a nuestra historia plástica.

Un día mi padre dejó de perseguirlo, y cuando lo veía nuevamente ofrecido solo sonreía. Lo adquirimos muchos años después, cuando ya no lo esperábamos; en una subasta donde concurrimos por otras obras, tal vez más importantes. Detrás del pequeño cartoncillo esta la historia viva de la obra y de su dueño. Tachados en tinta hay decenas de números, cada uno de ellos corresponde al del empeño y al de su rescate. Tal vez un día a su poseedor las cosas se le complicaron, quien sabe. Al drama existencial de la representación lo acompaña para siempre el pequeño drama del anverso.

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